Eres la xika perfecta...

miércoles, 28 de mayo de 2008

(¯`·._.·¿Donde estara?·._.·´¯)



En ficción siempre fue fácil reconocerlos: este príncipe es un canalla, es un hijo de puta. Y como gustan los canallas, la lectura es más intensa. Pero nada es igual en la realidad: aquí los príncipes aparecen un poquito batidos, como las princesas.

Será por la polución, el urbanismo desenfrenado, el horror de vivir lo sucesivo y la luna, que de tantas veces mordida, se ha escondido cansada de bocados. Supón que te encuentras con un príncipe en la mesa de delante, en el bar de la esquina.

Un príncipe de americana de terciopelo, con barba impecable, ojos de seda y sonrisa de notemiento Supón que tiene manos de caricia y descubrimiento y que no sabe lo que busca, a pesar de que sabes que va en busca de algo. Supón que confía en el amor como dios primitivo y en sus magias inútiles. Supón que bebe cerveza y fuma maría.

Que habla francés con la única intención de encontrar su centro, sin conseguirlo, pobrecito. Supón que ha ido a la guerra, a las tantas guerras que ha tenido, y que jamás salió escaldado de ellas porque en el fondo también él es un canalla. Me declaro incompetente. Impotente, ignorante y jodidamente inocente.

Muy Inhábil. Muy demente. Y los príncipes azules, comprobado que destiñen

lunes, 26 de mayo de 2008



Yo te he nombrado mi príncipe.

Hay más altos que tú, más altos.
Hay más puros que tú, más puros.
Hay más bellos que tú, hay más bellos.
Pero tú eres el Príncipe.
Cuando vas por las calles
nadie te reconoce.

Nadie ve tu corona de cristal, nadie mira
la alfombra de oro rojo
que pisas donde pasas,
la alfombra que no existe.

Y cuando asomas
suenan todos los ríos
en mi cuerpo, sacuden
el cielo las campanas,
y un himno llena el mundo.

Sólo tú y Yo,
sólo tú y yo, amor mío,
lo escuchamos.
Pablo Neruda

¿Será que los príncipes
azules realmente no existen?

Príncipes azules en su sentido metafórico hay muchos. Pero recuerda, sólo hay un único y verdadero rey, y desafortunadamente los hijos del rey son escasos por tanto príncipes verdaderos pues, muy pocos, aunque en potencia lo somos todos y, en este caso lo del color no importa nada, y no tienen porque ser azules, lo que importa realmente es de que clase y color tiene su corazón.